
Otra vez la bestia mayor pisó el suelo de las bestias.En el suelo de las bestias muchas de las bestias piensan que la bestia mayor no es una bestia. Tienen la certeza de que es un semidios; que es el demiurgo que los librará de la maldición de vivir en un suelo promiscuo que no deja de parir bestias que se multiplican y multiplican como plagas de la historia sin que las otras bestias puedan exterminarlas. Para librarse de esta maldición las bestias lacayas besan el anillo de la bestia mayor y le protegen escudándole de todo lo que las bestias puedan hacer contra tan ilustre visita.
Es así. Las bestias cultas y moralmente superiores del suelo de las bestias, son amantes del orden que los más pretéritos padres de la bestia mayor inventaron. Por esto, desde tiempos inmemoriales han intentado aniquilar a las bestias inferiores, a los ignorantes, a los sin alma; que en su pequeño calculo mental neófito del complejo mundo, no entienden que dicho orden es el mejor y el único posible.
Las bestias inferiores no saben de justicia, ni de futuro; viven el día a día, se aparean y multiplican sin medida, no ahorran, no se lavan, paren santos y les adoran, se matan entre sí, se embriagan veintisiete horas al día y no conocen de la responsabilidad: con Dios, con la patria, ni con la bestia mayor.
A las bestias ignorantes hay que mantenerlas apaciguadas y domarlas para que algún día entiendan como vivir, tal y como se vive en el suelo de las no-bestias. Como no entienden y actúan por instinto y una que otra vez por esa falaz idea que tienen acerca de la justicia y la libertad, las bestias ignorantes con su infamia han creído ser capaces de levantarse contra las bestias superiores e incluso contra la bestia mayor.
Es así, las bestias ignorantes, las harapientas bestias; son la gran bestia, a la que temen las bestias cultas que desde sus palacios ordenan a las huestes de bestias acallar a la gran bestia cuando ésta despierta. Las bestias cultas saben que el rugir de la gran bestia es capaz de terminar con todo. Pero eso era antes… cuando la gran bestia existía, cuando era capaz de levantar su gran alarido… pero ya no. La historia ha demostrado que el orden de la bestia mayor es el único y el justo. La historia ha demostrado el triunfo de las bestias cultas contra la gran bestia infames, la historia ha demostrado el propio “fin de la historia”.
Otra vez la bestia mayor pisó el suelo de las bestias. Horrorizada la bestia mayor pudo darse cuenta que sus lacayas bestias no han sido capaces de acabar con la gran bestia. Eso es porque las bestias lacayas no son tan cultas, ni tan superiores como ella. Las bestias lacayas nacieron también en el suelo de las bestias, en el suelo donde nadie ha inventado nada que ayude a la civilización. Tanto trópico, tanto altiplano, tanta cordillera, tanto mosquito y bestia salvaje; ha contaminado los cerebros y la sangre de las bestias lacayas que no son capaces de la fácil tarea de replicar los arquetipos que la bestia mayor ordena. Si esto continua así habrá que traer una avanzada de bestias de sangre pura desde el suelo de las no-bestias para que hagan la tarea; la histórica tarea del progreso, la democracia y la libertad.
Es así y fue así. Otra vez la bestia mayor pisó el suelo de las bestias; y la gran bestia despertó y bajó desde los cerros, desde las periferias, desde las ciénagas, desde las riberas, desde la mierda, desde las cloacas, desde los campos desbastados, desde los caseríos; desde el desdén. Bajó para volver a gritar contra la bestia mayor y contra las colonizadas bestias. Las bestias ignorantes se han negado otra vez a besar el anillo de la bestia mayor y desde su ignorancia y su infamia le han enseñado al mundo que mientras no lo hagan hay tiempo, hay mundos posibles, y no hay fin de la historia.
Material publicado en Periodico latinoamericanista Giraluna.
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